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Tengo hepatitis B. ¿Puedo operarme?

Tengo hepatitis B. ¿Puedo operarme?

La hepatitis B es una enfermedad del hígado producida por un virus, y que produce inflamación y alteraciones de este órgano. Puede ser aguda, si su duración es corta, de menos de 6 meses, o crónica, si el organismo no es capaz de eliminar el virus en ese tiempo y la infección sigue presente a largo plazo.

El virus se adquiere por contagio al entrar en contacto con la sangre, el semen o los fluidos corporales de una persona infectada.

En la mayoría de los casos, no hay ningún síntoma que alerte de la presencia de la hepatitis B, que finalmente se cura sin tratamiento, y por tanto hay personas que la padecen sin saberlo. Pero en algunos, y más en niños pequeños, puede aparecer síntomas como cansancio, dolores musculares, molestias en el estómago, fiebre, pérdida de apetito, diarrea, orina oscura, heces claras e ictericia (piel y ojos amarillentos). A veces los síntomas no aparecen hasta pasadas varias semanas o meses del contagio. Y en ocasiones la enfermedad puede cronificarse, y causar lesiones hepáticas a largo plazo, como cirrosis e incluso cáncer de hígado.

El diagnóstico de la enfermedad se hace mediante un análisis de sangre específico, que puede demostrar la presencia del virus o de anticuerpos contra el mismo, pudiendo distinguirse de este modo si hay infección activa o si la ha habido en el pasado.

Si ha tenido contacto con el virus de la hepatitis B, o bien ha padecido la infección en el pasado, pero en el momento presente su estado general es bueno y su hígado funciona correctamente, no hay motivo que le impida someterse a una intervención de cirugía estética, o de cualquier otro tipo. Sin embargo, es muy importante que lo comunique a la cirujana, para que ésta pueda dejar el hecho registrado en su Historia Clínica, de modo que el equipo quirúrgico y todo el personal sanitario que participe en la intervención tome las medidas necesarias para evitar un posible contagio, ya que puede haber aún presencia de virus en su sangre y fluidos corporales. Estas medidas son tales como dobles guantes, mascarilla con visera para evitar salpicaduras, etc. En todo caso, nada de ello va a afectar a la calidad de la intervención ni a los resultados.

Si, en cambio, en la actualidad padece la enfermedad activa, la prioridad en este momento es curarse de la misma, adoptando las medidas dietéticas y los hábitos de vida, y si es necesario el tratamiento farmacológico que recomiende el médico que le lleve, y esperar a estar totalmente restablecido/a, y a que el funcionamiento de su hígado sea correcto, antes de someterse a cualquier intervención que no sea urgente, ya que un funcionamiento hepático correcto es necesario para la cicatrización de las heridas y para prevenir otros tipos de infecciones.

Lo mismo que hemos comentado para esta enfermedad puede aplicarse a otras, como la hepatitis C y el SIDA (virus VIH).

Dra. Prada

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