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La cirugía más íntima

La cirugía más íntima

Estrechamiento vaginal, reducción de labios mayores y menores, lipoescultura de pubis… La cirugía reparadora, estética y de rejuvenecimiento de los órganos genitales femeninos empieza a ser demandada por mujeres españolas de todas las edades: desde jóvenes acomplejadas por una lesión deportiva a señoras con descolgamiento vaginal después de varios partos, pasando por aquéllas en la cincuentena que quieren eliminar el exceso de grasa del pubis. Sólo en el último año, los cirujanos de la Clínica Mediterrània de Barcelona, centro que ha inaugurado esta misma semana una Unidad de Cirugía Íntima, ha intervenido a más de 100 pacientes para solucionar problemas estéticos, congénitos o adquiridos. Ya sea por necesidad o por capricho, cada vez más españolas de todas las edades están dispuestas a rediseñar quirúrgicamente su sonrisa vertical a un precio que oscila entre los 1.000 y 2.000 euros.

Gloria nunca había oído hablar de la cirugía íntima, como se conoce a la resolución quirúrgica de los problemas funcionales o estéticos de la región genital femenina. Pero después de recurrir a ella, asegura sentirse mejor consigo misma y sus relaciones sexuales han mejorado sustancialmente. Se ha recortado los labios mayores y se ha hecho una liposucción de pubis.

«Aunque suene frívolo», explica esta comercial madrileña de 57 años, divorciada y sin hijos, «necesitaba un cambio en mi vida que pasaba por mejorar mi aspecto. Al principio llegué a la clínica con la intención de hacerme una mastopexia [levantamiento de mamas] con aumento, porque al quedarme tan delgada, mis pechos se habían descolgado. No sé cómo, acabé haciéndole un comentario al doctor sobre mi aparato genital y me asombré cuando me dijo que esta zona también se podía operar. Me alegré muchísimo, pues era algo que me disgustaba y acomplejaba. Mi pubis estaba como inflado, aunque después supe que era grasa acumulada, y mis labios mayores sobresalían demasiado e incluso se notaban a simple vista si llevaba braguita. Ahora, si me miro al espejo, me siento yo».

España es el primer país de Europa y el cuarto del mundo en número de intervenciones de cirugía plástica: 350.000 al año, un negocio que mueve cerca de 600 millones de euros. Según el informe Cosmobelleza 2006, si bien apenas un 3% de la población declara haberse sometido a una operación de este tipo, el 9% de las mujeres manifiesta su predisposición a realizarse alguna.

Demanda creciente

Las relacionadas con el rediseño genital se venían practicando a la chita callando desde hace varios años, en algunas clínicas, sobre todo si la consulta obedecía a un problema que ocasionaba graves molestias a la paciente en su vida cotidiana. Sin embargo, es ahora cuando empieza a percibirse una creciente demanda. Muchos expertos ya habían vaticinado que esta moda, procedente de EEUU y Brasil, no tardaría en llegar a España. En Hollywood, el doctor David Matlock, asegura haber reconstruido la vagina, reducido los labios, arreglado el himen o multiplicado el placer a más de 50.000 mujeres por medio de una inyección de colágeno en el punto G. «Soy un artista», presume.

Atendiendo a esta nueva necesidad, la Clínica Mediterrània, con sede en Barcelona, inauguró el pasado miércoles una Unidad de Cirugía Íntima. Precisamente a este centro acudieron Gloria y el resto de mujeres cuyos testimonios aparecen en este reportaje.

En los últimos cuatro años, este centro ha llevado a cabo unas 300 cirugías íntimas; y de éstas, un centenar sólo en 2005, sobre todo labioplastias (60%) que consiste en remodelar los labios menores. «Nos negamos a hacer himenoplastias [reconstrucción de himen], aunque hay mujeres musulmanas y gitanas, y algunas latinoamericanas, que nos lo han solicitado. Tampoco aplicamos colágeno en el punto G, porque no tiene ninguna validez científica», explica el cirujano plástico, estético y reparador Iván Mañero, fundador de la clínica, para quien este tipo de cirugía no es ningún boom, sino «el descubrimiento por parte de las mujeres que tienen este problema».

Mañero asegura que su experiencia en cirugía con pacientes transexuales -es un experto en cambio de sexo- le ha servido para desarrollar esta nueva especialidad: «Las pacientes venían despistadas, y por vergüenza les costaba verbalizar su problema. Además, sus ginecólogos no daban una respuesta adecuada a su angustia. De ahí nació la idea de abrir esta unidad específica». Y a continuación da cuenta de las intervenciones más usuales:

  • La labioplastia consiste en la reducción de los labios menores y/o mayores que por razones congénitas (de nacimiento) o por otro tipo de problemas están hipertrofiados, se han caído o son asimétricos, lo que da lugar a molestias y a una incidencia mayor de infecciones. El caso más común es la hipertrofia de labios menores. El tejido sobrante, además de resultar visualmente poco atractivo, suele molestar a la hora de realizar el coito. La intervención consiste en devolverles el tamaño anterior.
  • La clitoplastia se suele realizar cuando existe una hipertrofia del clítoris que produce malestar. Generalmente se debe a un desequilibrio hormonal entre estrógenos y testosterona, y puede llevar asociado un aumento de vello. El caso es frecuente en transexualidad de mujer a hombre, y por al consumo de anabolizantes. El tratamiento consiste en esconderlo, realizando un pequeño corte alrededor de la corona y plegándolo como un telescopio.
  • La liposucción de pubis o reducción del tejido adiposo del monte de Venus está indicada para mujeres que tienen un exceso de grasa en esa zona. La intervención consiste en realizar una pequeña lipoescultura.
  • El estrechamiento vaginal suele realizarse en mujeres que tras múltiples partos sufren un ensanchamiento o un desplazamiento de la cavidad, que puede provocar molestias y relaciones íntimas insatisfactorias. Se realiza una reducción del músculo de la vagina para mejorar el tono muscular y la elasticidad.

¿Riesgos? Las relaciones sexuales pueden resultar molestas si no se cumple un periodo de abstinencia mínimo tras la labioplastia; la clitoplastia puede producir hiper o hiposensibilidad en la zona; la lipoescultura originar hematomas y edemas (hinchazón) temporales y en el estrechamiento vaginal hay riesgo de sangrado. El coste de estas cirugías oscila entre 1.000 y 2.000 euros.

Algunas mujeres llegan a la consulta con el Playboy en la mano y solicitan «una vulva como ésta», como quien pide una nariz tipo Angelina Jolie. Pero, ¿acaso existe una vulva ideal? «No», responde tajante Patricia Montull, especialista en cirugía de género y directora de la Unidad de Cirugía Íntima, «del mismo modo que tampoco existe una nariz ideal. En general, nuestras clientas desean una vulva similar a la de una chica joven, adolescente incluso: con los labios mayores simétricos, los menores ocultos y el clítoris escondido».

De las pacientes atendidas, todas presentaban problemas reales. «Quizás no para todas suponía un problema de salud, pero sí de autoestima, lo que en algunos casos les había llevado a renunciar a una vida sexual plena». Sonia, una estudiante de 22 años, confiesa que nunca había tenido novio porque le avergonzaba verse con unos labios menores y un clítoris desproporcionados que, además, le producían infecciones de orina y molestias cuando vestía ropa ajustada. «Tras operarme, ahora incluso me siento cómoda en tanga», asegura.

Hay dos tipos de pacientes que, por deontología profesional, todo cirujano debe evitar, como recuerda José Manuel Pérez Macías, presidente de la SECPRE: los afectados de dismorfofobia (fobia al cuerpo) y los adictos a la cirugía.

«Si una paciente se opera del pecho puede seguir con una abdominoplastia (operación de abdomen) y luego con una reducción de labios menores. Pero a diferencia de la facial y corporal, la cirugía genital no suele ir acompañada de más retoques», confirma el cirujano Antonio de la Fuente. En su clínica madrileña, este profesional practica una media docena de labioplastias al año y, en su opinión, la cirugía íntima femenina no es una necesidad creada: «En mis 30 años de carrera nunca he tenido que rechazar un caso».

¿Moda o necesidad?

La sexóloga Pilar Cristóbal frunce el ceño: «Todo esto obedece al desmadre estético y consumista que nos invade. Los médicos crean un malestar para luego hacer negocio, y las mujeres siempre hemos sido carne de cañón». Su colega María Pérez Chinchilla, directora del Instituto Espill de Valencia, reconoce que en su consulta ha atendido a alguna mujer preocupada por el tamaño de sus genitales, pero ninguna ha manifestado la intención de operarse. «Es una necesidad absolutamente creada desde fuera. Lo que me molesta es el empeño en poner modelos de referencia. Una vulva no tiene por qué ser igual a otra, y al ser algo íntimo no se tiene como ideal de belleza, al igual que no existe el pene perfecto. Recurrir a la cirugía puede ocasionar infecciones o mala cicatrización, y no parece la mejor forma de mejorar la autoestima», agrega.

Para Mañero, las acusaciones no tienen mucho fundamento: «A quien se siente cohibida por una alteración anatómica, la cirugía le soluciona en 20 minutos lo que no logra en un año una terapia psicológica o sexológica». Por lo general, el grado de satisfacción es alto. Teresa, de 27 años, acaba de hacerse una labioplastia. «Mi novio y yo estamos encantados. Si llego a saber que la operación era tan sencilla me opero a los 18». En la intimidad luce sin complejos su nueva sonrisa vertical.

Perfil de las mujeres que las solicitan

Existen dos grandes grupos de mujeres que solicitan intervenciones de cirugía íntima. Por un lado, figura el de las jóvenes de entre 21 y 26 años con un problema congénito o a consecuencia de la práctica de algún tipo de deporte que les produce molestias y/o les acompleja, ya sea en su vida social (para vestirse con cierto tipo de ropa, ir a la playa.) o en su vida sentimental (a la hora de mantener relaciones sexuales). El segundo colectivo, aún más numeroso que el primero, según señalan los especialistas, está compuesto por mujeres de entre 36 y 46 años que, después de haber dado a luz a varios hijos, por causas hormonales, el roce frecuente de la zona genital a consecuencia de la realización de diversos deportes o simplemente por causas desconocidas, padecen una considerable hipertrofia o asimetría en los labios mayores y menores y/o sufren una atrofia de la mucosa y de la zona cutánea. Todo ello puede provocar inflamación, repetidas infecciones, dificultad para sentarse, para hacer ejercicio o para mantener relaciones sexuales. Un tercer grupo, aunque menos numeroso pero en notable ascenso, es el compuesto por mujeres que sobrepasan los 47 años y que lo que desean es un rejuvenecimiento de la zona genital. Se trata de pacientes que se cuidan bastante físicamente y que, después de varios partos o debido a los cambios normales asociados al proceso de envejecimiento, no se sienten satisfechas con el aspecto estético de sus órganos sexuales.

Fuente: El Mundo 18.02.06

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