¿Influye el tabaco en el resultado de la operación? - Centro Médico Prada

¿Influye el tabaco en el resultado de la operación?

¿Influye el tabaco en el resultado de la operación?

El consumo de tabaco es un factor muy importante a considerar cuando se planea una intervención de cirugía estética, sobre todo de algunos tipos, debido a su influencia negativa en la cicatrización de los tejidos y en la recuperación postoperatoria.

Esto es debido a que la nicotina del tabaco, entre otros muchos efectos sobre el organismo, tiene una acción vasoconstrictora, es decir, provoca el estrechamiento por contracción de los vasos sanguíneos, lo que ocasiona que llegue menos sangre a los tejidos.

En todo proceso de cicatrización se requiere un aporte de sangre suficiente a la zona lesionada, ya que viajando por ella van las células defensivas (leucocitos) que defienden al organismo de las infecciones que puedan causar los gérmenes entrantes, y además de ella depende el aporte de oxígeno a los tejidos, dándose el caso de que precisamente en los tejidos lesionados aumenta el metabolismo debido a los fenómenos inflamatorios que se producen para la cicatrización.

Esto es de forma general. Pero además hay ciertas intervenciones de cirugía estética en las que ciertas extensiones de tejido se despegan de su lugar habitual para moverlas a otro punto, y en este proceso es necesario cortar y coagular muchos de los vasos sanguíneos que llevan sangre a dichas partes, que durante un tiempo tienen un riego sanguíneo limitado a los pocos vasos que han quedado indemnes tras la cirugía, hasta que más adelante empiezan a recibir riego de nuevos vasos formados a partir de la zona a la que van a parar. En estas circunstancias, no es de extrañar que todo factor que reduzca el riego, ya de por sí limitado, a estas zonas de tejido, como es la nicotina, puede conducir a la lesión y muerte (necrosis) del tejido así deprivado, produciendo pérdida de partes de piel, que se abran las heridas, etc. Todo esto retrasa y complica la cicatrización, y afecta al resultado final.

Ejemplos conocidos de estas intervenciones de estética en que el tabaco es especialmente peligroso son:

  • La reducción de mamas, y la elevación o mastopexia. En estas técnicas, la areola y el pezón han de desplazarse desde su sitio previo, más bajo, a su altura ideal, para lo que se talla una “lengua” de tejido en la que van situados, y que ha de subirse y plegarse. Cuanto más caída está la mama, más hay que desplazar la areola y el pezón, por lo que más hay que plegar esta “lengua”, con el consiguiente riesgo para el riego sanguíneo de los mismos. Si además añadimos el efecto vasoconstrictor de la nicotina del tabaco, puede haber lesión e incluso pérdida entera de la areola y del pezón, cosa que hay que evitar a toda costa.
  • La abdominoplastia o dermolipectomía abdominal. En esta intervención hay que realizar un despegamiento muy extenso de la piel del abdomen, desde la incisión sobre el pubis hasta justo por debajo del pecho. Eso quiere decir que el riego sanguíneo de ese tejido, tras la operación, depende de vasos que corren paralelos a la piel, y que pueden verse afectados por la nicotina del tabaco, dando lugar a que se abran los puntos en la cicatriz o a que se pierdan porciones de piel junto a la misma, con el consiguiente retraso en la cicatrización y el perjuicio estético para el resultado final.
  • El “lifting” facial o ritidectomía. En esta operación, la piel de la cara se levanta desde la incisión, situada en torno a la oreja y entre el pelo, para movilizarla, estirarla y eliminar el sobrante. Durante el período postoperatorio inmediato, el riego sanguíneo de esta piel queda limitado a una sola arteria y sus ramas, la arteria facial. Cualquier fallo en el riego sanguíneo puede ocasionar pérdida de parte de la piel por delante de la oreja, ocasionando una zona cicatricial antiestética y totalmente visible de implicaciones estéticas desastrosas. Por lo tanto, no puede someterse a esta intervención ninguna persona que esté fumando activamente y no sea capaz de dejar totalmente de hacerlo en el postoperatorio.

La consigna, pues, para fumadores, antes de someterse a cualquier intervención de cirugía estética o reparadora, es reducir al máximo el tabaco o, mejor, dejar de fumar, desde 3 semanas antes de la intervención (para que la nicotina presente en el organismo se vaya eliminando) hasta 3 semanas después, que es el período que tardan los tejidos movilizados durante la cirugía en empezar a recibir riego sanguíneo de nuevos vasos que crecen desde la zona receptora.

Dra. Prada

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